Se trata de la apnea del sueño, un efecto que hace que se tenga una o más pausas en la respiración o que se tengan respiraciones superficiales durante el sueño.
Estas interrupciones en la respiración pueden suceder unas 30 veces o más por hora y en ocasiones con un ronquido fuerte o un sonido similar a de una persona que se atraganta.
Este problema suele ser crónico y sucede junto con ronquidos que dificultan el sueño de quien duerme con el afectado, por ello no sólo se empeora la calidad del sueño de uno, si no que también lo sufre su acompañante.
Al tener una menor calidad el sueño, durante el día se siente más cansado y es posible que se duerma involuntariamente en determinados momentos del día, tras comer al medio día, en el trabajo e incluso algo muy peligroso: al volante.
Existen dos tipos, la apnea del sueño central y la obstructiva. La central es la menos común ya que consiste en que le cerebro deja de enviar señales a los músculos encargados de la respiración, algo muy peligroso.
Por otro lado la obstructiva sucede cuando la garganta o la nariz impiden el paso del aire necesario para respirar.
Normalmente, los músculos de la garganta se relajan durante la noche dejando un amplio espacio para que se respire con facilidad, pero en las personas con apnea del sueño se cierran de tal forma que impiden la llegada de aire a los pulmones, lo que provoca estos característicos ronquidos y dificultades para respirar.
A la aparición de este problema pueden aparecer factores como la edad o la obesidad, pero también hay factores que pasan más desapercibidos como el consumo de alcohol, sedantes, obstrucción nasal, una lengua excesivamente larga, tener las vías respiratorias estrechas o una anomalía del paladar.
La apnea del sueño es un problema crónico de salud que requiere un tratamiento a largo plazo. Los cambios en el estilo de vida, los dispositivos bucales, la cirugía o los dispositivos respiratorios pueden tener éxito en el tratamiento de la apnea del sueño en muchas personas.



